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Main Points
El 3 de noviembre, las elecciones legislativas de Estados Unidos cambiaron el panorama político: los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado, lo que debilita la posición de Donald Trump dentro del Partido Republicano y plantea interrogantes sobre la continuidad del “trumpismo” antes de las elecciones presidenciales de 2028. A pesar de esta derrota, el presidente conserva amplios poderes para dirigir la política exterior. Para analizar el nuevo equilibrio, El Comercio entrevistó a Brenda Estefan, analista internacional y especialista en política exterior. Estefan explicó cómo la pérdida electoral reconfigura la relación de fuerzas entre la Casa Blanca y el Congreso, los obstáculos que enfrentará Trump y las consecuencias para sus aliados internacionales y el futuro del Partido Republicano. > “¿Qué cambia concretamente para Donald Trump después de que los demócratas recuperaran el control del Congreso? ¿Hasta qué punto se reduce su capacidad para impulsar su agenda durante los dos últimos años de su mandato?” > “Nada más que bloquearlo. Los demócratas podrán complicar el avance de su agenda, pero no pueden impedirla por completo. Hay tres ámbitos en los que el Partido Demócrata tendrá mucho más margen de maniobra: el primero es la aprobación de nominaciones y designaciones de Donald Trump. En Estados Unidos, a partir del cargo de subsecretario adjunto, todos los nombramientos deben ser aprobados por mayoría simple en el Senado. En ese terreno, el Congreso puede limitar las designaciones, cuestionarlas y prolongar los tiempos para su aprobación. El segundo ámbito es el presupuesto. Los demócratas podrán poner sobre la mesa asuntos que les interesan y condicionar su aprobación a que se incluyan determinados temas prioritarios en la agenda política. El tercer elemento es la posibilidad de abrir investigaciones sobre Donald Trump, su entorno, su familia, sus allegados y su gobierno. Todo este frente de investigaciones hará más complicada la gestión de la Administración Trump.” Estefan añadió que, aunque el Congreso tendrá mayor margen de maniobra, la Casa Blanca no cambiará de rumbo. El presidente sigue teniendo derecho de veto sobre cualquier iniciativa legislativa, salvo algunas excepciones, y para superar ese veto se necesitan dos tercios de los votos en ambas cámaras, cifra que los demócratas no alcanzan. Por ello, “veremos a Donald Trump haciendo uso de su derecho de veto y a los demócratas llevando a votación asuntos sensibles y de interés para la población, de manera que, si el presidente los veta, el costo político recaiga sobre él.” En cuanto a la posibilidad de superar los vetos presidenciales o de impulsar un juicio político, Estefan señaló: “No. Para eso se necesitan 67 de los 100 votos del Senado. Los demócratas tendrán 55, por lo que no veo cómo podrían conseguir los 12 votos adicionales que necesitan. Tampoco creo que sea su prioridad en este momento. No es algo que hayan estado anunciando como parte de su estrategia.” Respecto a la política exterior, la analista afirmó que “habrá más presión política, pero la política exterior sigue siendo una atribución del presidente. De hecho, Donald Trump no consultó al Congreso para ir por Nicolás Maduro el 3 de enero, ni para lanzar la guerra en Irán el 28 de febrero ni para imponer los aranceles del llamado Día de la Liberación en 2025. Por eso, no veo que los demócratas puedan frenar realmente el rumbo de la política exterior de Trump.” El presidente puede seguir usando decretos presidenciales y cuenta con un equipo liderado por Stephen Miller que ha estado preparándose durante seis meses para gobernar sin la aprobación del Congreso. En cuanto a las alianzas internacionales, Estefan advirtió que “es una mala noticia para los aliados cercanos de Donald Trump, que creían que al amparo del trumpismo podían construir una relación estable y duradera con Washington. Hoy se dan cuenta de que esas relaciones pueden quebrarse fácilmente dentro de dos años, especialmente si esta tendencia se mantiene de cara a las elecciones presidenciales del 2028.” También señaló que “la posición de Vladimir Putin podría verse afectada, aunque habrá que observar qué hace Trump con Ucrania durante los próximos dos años. Es posible que, en este ánimo de redoblar sus esfuerzos internacionales, presione todavía más para forzar a Kiev a llegar a un acuerdo con Moscú, incluso a expensas de la seguridad ucraniana.” Sobre el futuro del Partido Republicano, Estefan explicó que “el principal reto es que se ha convertido en un partido cascarón. Ya no tiene los ideólogos que históricamente lo caracterizar Article source: El Comercio | Image credit: El Comercio
El 3 de noviembre, las elecciones legislativas de Estados Unidos cambiaron el panorama político: los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado, lo que debilita la posición de Donald Trump dentro del Partido Republicano y plantea interrogantes sobre la continuidad del “trumpismo” antes de las elecciones presidenciales de 2028. A pesar de esta derrota, el presidente conserva amplios poderes para dirigir la política exterior. Para analizar el nuevo equilibrio, El Comercio entrevistó a Brenda Estefan, analista internacional y especialista en política exterior. Estefan explicó cómo la pérdida electoral reconfigura la relación de fuerzas entre la Casa Blanca y el Congreso, los obstáculos que enfrentará Trump y las consecuencias para sus aliados internacionales y el futuro del Partido Republicano. > “¿Qué cambia concretamente para Donald Trump después de que los demócratas recuperaran el control del Congreso? ¿Hasta qué punto se reduce su capacidad para impulsar su agenda durante los dos últimos años de su mandato?” > “Nada más que bloquearlo. Los demócratas podrán complicar el avance de su agenda, pero no pueden impedirla por completo. Hay tres ámbitos en los que el Partido Demócrata tendrá mucho más margen de maniobra: el primero es la aprobación de nominaciones y designaciones de Donald Trump. En Estados Unidos, a partir del cargo de subsecretario adjunto, todos los nombramientos deben ser aprobados por mayoría simple en el Senado. En ese terreno, el Congreso puede limitar las designaciones, cuestionarlas y prolongar los tiempos para su aprobación. El segundo ámbito es el presupuesto. Los demócratas podrán poner sobre la mesa asuntos que les interesan y condicionar su aprobación a que se incluyan determinados temas prioritarios en la agenda política. El tercer elemento es la posibilidad de abrir investigaciones sobre Donald Trump, su entorno, su familia, sus allegados y su gobierno. Todo este frente de investigaciones hará más complicada la gestión de la Administración Trump.” Estefan añadió que, aunque el Congreso tendrá mayor margen de maniobra, la Casa Blanca no cambiará de rumbo. El presidente sigue teniendo derecho de veto sobre cualquier iniciativa legislativa, salvo algunas excepciones, y para superar ese veto se necesitan dos tercios de los votos en ambas cámaras, cifra que los demócratas no alcanzan. Por ello, “veremos a Donald Trump haciendo uso de su derecho de veto y a los demócratas llevando a votación asuntos sensibles y de interés para la población, de manera que, si el presidente los veta, el costo político recaiga sobre él.” En cuanto a la posibilidad de superar los vetos presidenciales o de impulsar un juicio político, Estefan señaló: “No. Para eso se necesitan 67 de los 100 votos del Senado. Los demócratas tendrán 55, por lo que no veo cómo podrían conseguir los 12 votos adicionales que necesitan. Tampoco creo que sea su prioridad en este momento. No es algo que hayan estado anunciando como parte de su estrategia.” Respecto a la política exterior, la analista afirmó que “habrá más presión política, pero la política exterior sigue siendo una atribución del presidente. De hecho, Donald Trump no consultó al Congreso para ir por Nicolás Maduro el 3 de enero, ni para lanzar la guerra en Irán el 28 de febrero ni para imponer los aranceles del llamado Día de la Liberación en 2025. Por eso, no veo que los demócratas puedan frenar realmente el rumbo de la política exterior de Trump.” El presidente puede seguir usando decretos presidenciales y cuenta con un equipo liderado por Stephen Miller que ha estado preparándose durante seis meses para gobernar sin la aprobación del Congreso. En cuanto a las alianzas internacionales, Estefan advirtió que “es una mala noticia para los aliados cercanos de Donald Trump, que creían que al amparo del trumpismo podían construir una relación estable y duradera con Washington. Hoy se dan cuenta de que esas relaciones pueden quebrarse fácilmente dentro de dos años, especialmente si esta tendencia se mantiene de cara a las elecciones presidenciales del 2028.” También señaló que “la posición de Vladimir Putin podría verse afectada, aunque habrá que observar qué hace Trump con Ucrania durante los próximos dos años. Es posible que, en este ánimo de redoblar sus esfuerzos internacionales, presione todavía más para forzar a Kiev a llegar a un acuerdo con Moscú, incluso a expensas de la seguridad ucraniana.” Sobre el futuro del Partido Republicano, Estefan explicó que “el principal reto es que se ha convertido en un partido cascarón. Ya no tiene los ideólogos que históricamente lo caracterizar
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