Los restos de monseñor Jesús María de Jesús Moya, obispo emérito de San Francisco de Macorís, fueron sepultados en la cripta de los obispos de la Catedral Santa Ana, tras su fallecimiento el pasado miércoles. El acto contó con la presencia de obispos, sacerdotes, familiares y feligreses. La eucaristía fue presidida por monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, actual obispo de la diócesis. Durante la ceremonia, se dieron lectura a las condolencias enviadas por el Papa Francisco, quien ofreció sufragios por el eterno descanso del prelado y expresó su pésame a la comunidad eclesial y a los allegados del difunto. En la homilía, el padre Paulino Paredes, vicario general de la diócesis, destacó la labor pastoral de monseñor Moya, subrayando su desempeño como maestro en la enseñanza de los valores del Evangelio y la doctrina social de la Iglesia. Por su parte, familiares y allegados resaltaron su humildad, sencillez y su firme compromiso con la educación como herramienta fundamental para el desarrollo humano y social. El obispo emérito solía afirmar que “la educación es una forma de amar y gobernar es una forma de servir”. Monseñor Jesús María de Jesús Moya nació el 28 de noviembre de 1932 y fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1961. Tras realizar estudios de posgrado en Madrid y Quito, fue elegido obispo titular de Maxita y nombrado auxiliar de la Diócesis de Santiago de los Caballeros en 1977. En 1984, el Papa Juan Pablo II lo designó segundo obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís, cargo que ocupó hasta 2012, cuando fue sucedido por monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo y pasó a ser obispo emérito. Su trayectoria fue reconocida por su capacidad de mediación en conflictos sociales y su entrega al servicio pastoral.
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