Mercedes, una residente de la zona, acudió a la alcaldía el lunes con una hoja que contenía tres reclamos: la acumulación de basura en su calle, la falta de iluminación en el parque local y los filtros de drenaje que se obstruyen cada vez que llueve. Al llegar, se encontró con un entrenador que buscaba apoyo para un torneo, una profesora de arte que necesitaba materiales y varios vecinos que exigían la reparación de una acera. “Todos venimos a lo mismo”, dijo Mercedes, “a que esta gente trabaje”. El alcalde, acompañado de la encargada de presupuesto, recibió a los presentes en su despacho. El funcionario explicó que los recursos municipales se distribuyen entre salarios, combustible, mantenimiento de camiones, recolección de residuos y obras comunitarias, y que los ingresos propios no cubren todas las solicitudes. Para ilustrar la escasez de fondos, la encargada colocó diez fichas sobre la mesa, de las cuales retiró ocho y dejó dos, señalando que representan los recursos disponibles según la asignación legal. Durante la reunión, Mercedes pidió que se priorizaran los camiones averiados, la cancha de fútbol sin terminar y la reparación de la acera. El entrenador añadió que el equipo de fútbol estaba en “hoyos” y que la comunidad necesitaba un espacio funcional. Una vecina comentó que los niños de la escuela cruzan la calle sin acera. El alcalde escuchó las quejas y reconoció que “ninguna de esas necesidades es inventada”. Al salir, Mercedes pasó por un taller de emprendimiento donde jóvenes aprendían a reparar equipos, una profesora que recogía dibujos de sus alumnos y una joven que recibía orientación para calcular los costos de un negocio de dulces. Una empleada del municipio le explicó que el taller y la clase de arte se mantenían con materiales prestados. Más tarde, Mercedes se encontró con Don Ramón, un vecino que había solicitado ayuda para el drenaje. Cuando le preguntó si se había resuelto el problema, Ramón respondió que no. Mercedes recordó las fichas de la mesa y afirmó que “hay que exigirles, pero también hay que mirar con qué están trabajando”. Al regresar al barrio, la lluvia del día siguiente arrastró basura y ramas a la esquina, lo que provocó que los vecinos grabaran un video denunciando el abandono y llamando al síndico. El sábado se convocó una reunión con el encargado de limpieza, quien admitió que los días sin recolección y los horarios incumplidos habían dejado una esquina siempre sucia. Mercedes pidió fechas concretas y que se informara sobre lo que no se pudiera hacer. El funcionario explicó que las rutas estaban afectadas por el camión averiado y que se necesitaban fechas claras. Los vecinos acordaron recoger la basura en el horario establecido y evitar depositar escombros en los filtros. De la reunión salió un acta con nombres, tareas y fechas, y se acordó solicitar una explicación pública de los ingresos y gastos municipales, además de respaldar una petición para que los municipios recibieran los recursos que les correspondían. Un mes después, Mercedes volvió a la alcaldía con otra hoja. El parque seguía sin algunas luces, el camión había vuelto a operar, los filtros estaban limpios y el torneo se había organizado con aportes comunitarios y apoyo municipal. “Aquí están las cosas que faltan”, dijo a la mesa. El alcalde aceptó la hoja y ofreció una silla. Mercedes explicó que “ya entendí que no puede resolverlo todo con dos fichas. Por eso vamos a reclamar las que faltan, pero también queremos saber cómo se gastan”. El alcalde llamó a la encargada de presupuesto y, al abrir las cuentas, Mercedes se acercó a la mesa para revisar los detalles.
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