Acemoglu y los límites de una victoria electoral

Daron Acemoglu, economista y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), fue galardonado con el Premio Nobel de Economía 2024, distinción que compartió con Simon Johnson y James A. Robinson. El comité reconoció sus investigaciones sobre la formación de instituciones y su impacto determinante en la prosperidad de las naciones. Nacido en Estambul en 1967 y doctorado por la London School of Economics, Acemoglu es autor de obras fundamentales como Por qué fracasan los países, El pasillo estrecho y Poder y progreso. En su análisis sobre la crisis de la democracia liberal, Acemoglu sostiene que el descontento social tiene raíces profundas en la concentración de la riqueza, los cambios tecnológicos y la transformación del mercado laboral. Según el economista, la desconexión entre las élites universitarias y los sectores trabajadores ha generado una sensación de menosprecio que ha debilitado la confianza en los partidos tradicionales. Acemoglu advierte que una victoria electoral frente a figuras como Donald Trump no debe interpretarse como un retorno a la “normalidad”, ya que las causas estructurales del malestar social permanecerían intactas. El economista argumenta que la centroizquierda ha fallado al dejar de escuchar a una parte significativa de su base social. En este sentido, señala que la representación política exige comprender las experiencias de los ciudadanos, incluso cuando no se comparten sus conclusiones. No obstante, Acemoglu subraya que la defensa de la democracia requiere un compromiso ineludible con las reglas institucionales, el respeto a los resultados electorales, la independencia judicial y la alternancia en el poder, principios que deben aplicarse con el mismo rigor a todos los actores políticos. Respecto a los desafíos futuros, Acemoglu enfatiza la importancia de fortalecer las asociaciones locales, sindicatos y organizaciones comunitarias como espacios donde la ciudadanía pueda aprender a cooperar y exigir rendición de cuentas. Asimismo, propone que el desarrollo de la inteligencia artificial debe orientarse hacia actividades que amplíen las capacidades de los trabajadores, cuestionando quién decide el uso de estas tecnologías y cómo se distribuyen sus beneficios. El análisis de Acemoglu sugiere que la calidad democrática se mide, en última instancia, en la experiencia cotidiana del ciudadano con el Estado. La confianza institucional, sostiene, se fortalece cuando los servicios públicos —como la educación, la salud y la seguridad— funcionan eficazmente y cuando el sistema permite respuestas ante las fallas administrativas. En conclusión, el economista plantea que la responsabilidad de los partidos políticos trasciende la contienda electoral, exigiendo una gestión que mantenga la legitimidad de las instituciones independientemente de quién ostente el poder.

Article source: El Nuevo Diario | Image credit: El Nuevo Diario

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